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Los nombres que han enriquecido la personalidad de Caracas

En Venezuela, un tal Pacheco trae el frío a la ciudad fundada por Diego de Losada, a la que Billo Frómeta le canta después de ponerle “las cuerdas de oro” a su arpa y que su garganta recogiera un ruiseñor. 

Además, Manuel Cabré se encargó de pintar al “Sultán enamorado” de la Odalisca que Juan Antonio Pérez Bonalde poetizó.

450 años de historia se dicen fácil, pero para quienes han vivido en Caracas significan un período extenso en el que hombres y mujeres han dejado huella en la historia.

Diego de Losada

El conquistador español Diego de Losada fue el encargado de fundar a Santiago de León de Caracas. Nació en Rionegro del Puente (España) en una fecha aún incierta de 1511 y desde joven se interesó por formar parte de los contingentes de exploradores del Nuevo Mundo (América).

Tras varios viajes, logros y reveses, Losada arriba al denominado Valle de los Caracas (llamado así por la tribu del clan Caribe que habitaba la región) para verificar si existían vetas de oro en el suelo.

Ya Francisco Fajardo, Luis de Narváez, Juan Rodríguez Suárez, Bernáldez de Quirós y Gutierre de la Peña habían fracasado –destruidos por la confederación tribal caribana, al mano del cacique Guaicaipuro– en la tarea de someter a los indígenas, por lo que fue el turno de Losada de refundar los pequeños poblados del Hato de San Francisco y la Villa del Collado en la costa.

El 25 de julio de 1567 refunda la ciudad con el nombre de Santiago de León de Caracas y más tarde hace lo mismo con la actual Caraballeda. En 1568, Losada junto a 300 españoles y 18 mil indígenas auxiliares vence a los Caribes, logrando así la “pacificación” de la región.

Representación de Diego de Losada – Cortesía: Wikipedia

Pacheco

Quien vive en Caracas habrá dicho, por lo menos una vez en su vida, “¡llegó Pacheco!” mientras buscaba un suéter para cubrirse del frío, pero ¿qué tiene que ver la chicha con la limonada?

Pues, en la antigua Caracas de los techos rojos vivió un señor llamado Pacheco, quien era floricultor del pueblo de Galipán, en el Waraira Repano, y bajaba a la ciudad a través del Camino de los Españoles para huir del frío que empezaba a dar cada vez que se acercaba diciembre.

Pacheco aprovechaba su viaje para vender las flores de Galipán cerca de la iglesia de La Pastora, ubicada en la parroquia homónima. El detalle está en que cada vez que llegaba a la ciudad, el frío también lo hacía. Por ello, cada vez que un caraqueño lo mencione se refiere a que ya diciembre está llegando.

Representación de Pacheco – Archivo.

Teresa Carreño

Descendiente de Simón Rodríguez y pariente de María Teresa Rodríguez del Toro y Alaiza (esposa del Libertador Simón Bolívar), la cantante, pianista y compositora María Teresa Gertrudis de Jesús Carreño García es considerada una de las más prolíficas artistas del siglo XIX y XX en toda Latinoamérica.

Teresa Carreño no sólo es reconocida por sus dotes artísticos, sino por el empeño que colocaba a sus discípulos por educarse y conocer más sobre la región donde viven, las diferentes expresiones culturales y científicas del momento.

En su honor, el Complejo Cultural Teresa Carreño lleva su nombre, al ser el principal centro cultural de la capital venezolana.

Cortesía de leonidas

Manuel Cabré

Uno de los símbolos naturales más destacados de Caracas es su imponente cerro El Ávila, actual parque nacional Waraira Repano, del que Manuel Cabré se enamoró y al que se encargó de pintar en múltiples ocasiones.

“El pintor del Ávila” nació en Barcelona (España) en 1890, pero se residenció en Caracas desde muy joven porque su padre, Ángel Cabré i Magriñá, fue invitado por el presidente Joaquín Crespo para realizar trabajos en las obras gubernamentales.

Manuel Cabré – Cortesía: Notilogía

A los 14 años ingresó a la Academia de Bellas Artes y, más tarde, fue fundador del antiacadémico Círculo de Bellas Artes. Enamorado de la belleza natural venezolana, se dedicó al paisajismo en sus obras.

Desde 1942 fue director del Museo de Bellas Artes, hasta 1946. Muere en 1984 a los 94 años de edad.

Hortalizas en San Bernardino, Manuel Cabré – Cortesía: Archivo.

Juan Antonio Pérez Bonalde

Considerado como el máximo exponente de la lírica, del romanticismo y uno de los precursores del modernismo en la poseía venezolana, Juan Antonio Pérez Bonalde es denominado el “poeta de Caracas” por sus referencias a la ciudad que lo vio nacer.

Su obra más conocida es el poema de “Vuelta a la patria”, en el que se ha destacado el siguiente fragmento:

“¡Caracas, allí está!” dice el auriga,
y súbito el espíritu despierta
ante la dicha cierta
de ver la tierra amiga.
Caracas, allí está; sus techos rojos,
su blanca torre, sus azules lomas
y sus bandas de tímidas palomas
hacen nublar de lágrimas mis ojos.
Caracas, allí está; vedla tendida
a las faldas del Ávila empinado,
odalisca rendida
a los pies del sultán enamorado.

Billo Frómeta

“¡Baila con Billo’s!” dicen algunas de las canciones que el músico y director de orquestas dominicano, Luis María “Billo” Frómeta, grabó y dedicó a Caracas, convirtiéndose así en uno de los referentes musicales de Venezuela en el siglo XX.

Su mundialmente reconocida orquesta Billo’s Caracas Boys recorrió casi todo el planeta llevando los ritmos caribeños a los salones de fiesta y teatros más reconocidos.

Una de sus canciones más conocidas, y considerada esencial en la música caraqueña, es precisamente el “Canto a Caracas”, en el que declara su amor por la otrora ciudad de los techos rojos y en donde pidió que le tocaran al morir el “último compás de Alma Llanera”.

Isidoro

Isidoro Cabr­era nació el 2 de Enero de 1880, durante el segundo gob­ierno del gen­eral Guzmán Blanco.

Se le con­sid­eró el último cochero de Cara­cas, pro­fe­sión que ejer­ció hasta el día de su muerte en 1963.

Isidoro tenía su parada en la esquina de Mon­jas a San Fran­cisco, a veces en los alrede­dores del Capi­to­lio o en la Plaza Alt­a­gra­cia.

Fue el único cochero caraqueño cono­cido por su nom­bre y apel­lido, ya que a los demás cocheros se les llam­aba por sus apo­dos o sobrenom­bres.

Renny Ottolina

El número 1 de Venezuela y considerado como el mejor animador de televisión en la historia del país, Renny Ottolina, marcó un estilo en los medios de comunicación al ser pionero en la publicidad, la comunicación social y la producción audiovisual.

En sus programas, Renny destacaba la belleza de Venezuela y la necesidad de rescatar la civilidad en las ciudades, especialmente en Caracas. Por ello, grabó múltiples campañas por la educación en nuestro país y para promover el arraigo a la tierra.

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